¡ALELUYA LO HUNDIMOS!
Pareciera que los congresistas nos encontráramos en el rodaje de “Duro de matar 3”, porque extrañamente un proyecto que nunca fue bandera del Presidente Santos, lo convirtieron de la noche a la mañana en punto central de la agenda económica, bajo la batuta del Gerente del Banco de la República y del Ministro de Hacienda, quienes prefirieron dejar de lado la reforma tributaria estructural, para dedicarse de cuerpo y alma a un proyecto que pretendía cambiar la denominación legal de la moneda colombiana, suprimiéndole tres ceros, cuyo costo sería de $300.000 millones.
Para la gran mayoría de Senadores siempre fue un misterio ¿por qué la insistencia de los rectores de nuestra economía para impulsar un proyecto totalmente inoportuno, dada la situación de reconstrucción por el invierno que vive el país y totalmente contrario a la propuesta de austeridad que viene promulgando nuestro Mandatario? No tiene sentido que para tramitar cualquier recurso para los damnificados de la ola invernal, los niños, desplazados o minorías, sea una odisea sacarle al Ministro cualquier pequeña partida, pero para este tema $300.000 millones no eran nada. Hoy cuando Colombia tiene la inflación más baja de muchas décadas (3%), quisieron convencernos que era el momento propicio para realizar esta maniobra, aunque sea totalmente contraria a los principios económicos y a lo que la experiencia nos ha demostrado. Este tipo de políticas se aconsejan cuando hay hiperinflación, casos como los de Argentina y Brasil fueron un buen ejemplo, quedando también claro que su utilización, no garantizó la solución de la problemática; de ahí que los argentinos lo tuvieron que hacer en 10 oportunidades.
En nuestro caso este remedio simplemente es un paliativo cosmético, pues no disminuye el desempleo ni ataca la revaluación, produce un efecto sicológico para controlar la inflación que ya está controlada.
En estos momentos de turbulencia económica internacional ninguno de nuestros vecinos está aplicando esta política. Vale la pena resaltar que países como China o Japón, que sí podrían darse el lujo de adoptar tal medida no lo han hecho ni lo piensan hacer, ¿por qué queremos inventarnos la pólvora?.
En esta ocasión prevaleció la cordura de los congresistas, quienes aceptaron nuestras orientaciones por estar sustentadas en criterios técnicos y de conveniencia, por lo que fuimos capaces de hundir el proyecto frente al Ministro de Hacienda y al Gerente. Esto no sucedía hace muchos años en el Congreso, el dar un grito de autonomía del Legislativo ante el Ejecutivo, y más admirable porque en este mismo momento estaba siendo tránsito el Presupuesto Nacional. Quedó demostrado que no siempre se puede aplicar simplemente el criterio de autoridad.
Un grave inconveniente en países que han ejecutado esta medida fue el tema del redondeo, pues la aproximación de valores a la cifra más cercana en la mayoría de los casos es hacia arriba, siendo inflacionario, por ejemplo, si un litro de leche cuesta $1950 quedará costando $2 nuevos pesos. Como se ve el costo mayor lo asume el consumidor. Este mismo efecto se da en el sector bancario y comercial, pues las colas de $60, $50 y $40 pesos al dividirlos por mil se vuelven una fracción mínima, las cuales son apropiadas por el sector financiero y comercial. Estos valores al final del año representan billones de pesos por la cantidad de transacciones que se realizan, que quedaran en manos del no dueño, sin posibilidad de reclamo, o ¿será que estos sectores harán el redondeo a favor de los usuarios?
Le desvirtuamos la motivación al Señor Ministro de servirse de este mecanismo contra las caletas del narcotráfico, porque la mayoría de éstas se encuentran en dólares y euros, ya que los consumidores extranjeros no pagan en pesos. Las que están convertidas en pesos, son producto del mal control del lavado de activos.
La Junta del Banco argumentaba que ellos asumirán los costos, como si estos recursos no fueran de todos los colombianos, porque las utilidades y remantes del Banco siempre deberán entregarse al Presupuesto Nacional para ser gastados o invertidos en las necesidades prioritarias del país. En esta oportunidad el Emisor extrañamente mantiene una caleta de $300.000 millones, o más no cuantificada, pero es que estos recursos no se vieron reflejados en el Presupuesto del 2012, bajo la excusa de las pérdidas del Banco Central.
No obstante hay que sumarle al costo público el que tendrá que asumir el sector privado, que puede ser el triple de éste, ya que se tendrán que modificar los software, programas de contabilidad, dispensadores de moneda, teléfonos públicos, entre otros muchos que no fueron cuantificados.
Solicito de manera enfática que el Emisor modifique su régimen de contratación, para que no lo haga a dedo, ya que hoy es éste su mecanismo por no estar obligado a realizar la contratación a través de la ley 80 de 1993. Con lo cual evitaremos que se pueda pensar que se quiere o puede favorecer a una empresa o persona en particular.
PD. Ministro espero que no lo recordemos por haber sido el gran cosmetólogo que cambió la cara del peso, sino por haber logrado mejorar la situación de pobreza, empleo y transparencia.




